¿Somos de desear lo ajeno?

Siempre que llovió paro reza el dicho, pero en estos casos, es muy difícil aceptar cuando las personas adquieren un bien, compran un auto de alta gama, una linda casa de veraneo, un hermoso viaje a un lugar soñado y hasta desear tener lo que el otro tiene, es entrar en un campo difícil de transitar, porque nadie está en condiciones de decir de esta agua no he de beber.

Cada uno sabe hasta dónde dan sus posibilidades de hacer o tener en la vida, pero estos imprevistos los podemos encontrar hasta dentro de nuestro entorno familiar, con hermanos, hijos, primos, maridos, esposas, etc. Y si empezamos a hilar fino nos podemos dar cuenta que muchos, empiezan a armar una telaraña para ver quién puede caer y como obtener aquellas cosas que otros tienen y vos no podes.

Hasta hay casos de que cuando uno vista a algún pariente que hace mucho tiempo que no ve y este le presenta al marido o a la esposa y uno queda en estado de shock y no sabe disimular que esa persona le ha caído por demás bien y con algún pretexto de que yo le vendo algo por la cartilla o hay que ver la forma de pasar un fin de semana en familia, se inician un montón de problemas en puerta, que uno no lo dimensiona, hasta que el ratoncito empieza a hacer de las suyas y se vuelve incontrolable y aparece el deseo hacia aquella chica o varón, que en un principio era solo uno más de la familia.

No solo lo podemos ver en este aspecto, sino que en los negocios que realizamos y nos permiten tener un buen pasar y podemos darnos algunos gustos al que los denominamos caros, pero que en caso de poder acceder no son tan como lo pensamos y algunos de nuestros parientes o amigos nos empiezan a mirar con cara rara y piensan de donde saco este muchacho tanta plata si solo tiene un trabajo.

Es mejor husmear detrás de los visillos de las ventanas y participar de las charlas del vecindario, para saber con certeza que están haciendo los vecinos y cuáles son los que más gastas y cuáles  son los que se conforman con lo básico, pero son los primeros en salir a comer el cuero de los demás y no se dan cuenta de que todos tienen la oportunidad en la vida para vivirla y no estar renegando y desaprovechando los que nos brinda esta existencia.

El deseo hacia otras cosas es algo que no lo podemos manejar, si se lo preguntamos a alguien, nos va a responder que nada que ver, que estamos errados a la hora de que nadie quiere lo del otro, hasta que no nos dan oportunidad de ser parte de ese instante, porque cuando nos llaman a integrar algún grupo de personas que si están interesados en trabajar juntos, de querer progresar y porque no sacar rédito de eso y es ahí donde, se nos aparece las ganas de desear todo lo que vemos.

Los sentidos cambian radicalmente de orientación, ahora hay que aprovechar todo los que se nos presenta, hasta la novia del amigo, la esposa del hermano, los bienes de tus primos, el auto del vecino, y si seguimos enumerando vamos a querer tener todo lo de los demás y si se puede vivir como ellos, y eso lo único que te puede llegar a traer son problemas importantes, lo único que tenemos que recapacitar, que todos tenemos  lo que nos merecemos o lo que pudimos obtener con el sudor de nuestra frente, la vida frívola empieza donde comienzan los derechos de los demás, nunca desees lo del prójimo y después te darás cuenta porque.

Por Hector Orozco



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