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¿Sabemos elegir bien en el  amor?

Nos sabemos encontrar con parejas que han perdurado en la vida y hasta se han podido dar el gran gusto de festejar las bodas de oro matrimonial, pero es que antes los matrimonios se declaraban delante del altar para toda la vida y ahora en tiempos modernos porque no sabemos defender a quienes hemos y nos han elegido se nos complica demasiado llegar a tantos años de matrimonio.

Es difícil conocer del todo a la persona que convive con nosotros, porque desde el mismo instante de formar pareja, de convivir con ese ser que tanto deseamos y soñamos como cualquiera  de las personas que se enamoran de verdad y que por los avatares de la vida, terminan en soledad y con los deberes mal hechos y con mucha pena de no haber podido formar pareja con la mujer u hombre de nuestros sueños.

Ahora y antes, siempre es sabio saber escuchar a los mayores, porque el tema del corazón no tiene edad, ni tiempo, ni espacio, no hay una fórmula que te permita decir estoy acertado y soy súper feliz, porque el solo hecho de la convivencia crea un clima de conflicto, de estrés, de rivalidad, que en la época de novios nada sale a luz, porque esa etapa de la pareja, es precisamente de acaramela miento, de cariños, mimos, mucha comprensión y afecto y que desde los dos lados, solo se necesitan ver, estar juntos un rato al día y o quizás comen juntos, pero a la hora de irse a dormir, cada uno lo hace en su casa.

Esto no complica la relación, por el contrario, le pone un  tinte romanticón, el que uno desee ver a la persona amada, que sea una linda manera de alimentar ese vínculo amoroso, que a cada edad se vive de diferente manera, por lo general los amores de la adolescencia son siempre como en los cuentos de hadas, todo es lindo, nada hace pensar que puede arruinar un idilio tan hermoso, porque el compromiso pasa solo por estar un momento del día con ese amor y no se entabla un compromiso de mayor responsabilidad.

Se torna diferente cuando hemos tenido un noviazgo extenso en nuestra vida escolar y queremos empezar a darle otra carisma, el de la formalización de la pareja, lo que antes se denominaba pedir la mano de la novia y que los padres de la niña nos dieran el visto bueno para poder continuar con la tarea de redondear ese noviazgo y llevarlo al altar.

Siempre tenemos el sueño de encontrar nuestra media naranja, debe ser lindo haber podido tener la dicha de hacerlo, pero en ahora que las cosas han cambiado demasiado, donde los imponderables de la vida, hacen de que todas las parejas que a priori se ven integras, donde la llegada de los hijos hace que se afiancen, que todo marcha sobre rieles, pero como es sabido nunca terminamos de conocer al ser que nos rodea, será porque queremos escaparnos de nuestra casa, por la presión que ejercen nuestros padres, o porque al creer que hemos encontrado al ser amado, ya nada nos podrá ocurrir y nos sentimos comprendidos, amparados, contenidos, etc. Y no podemos ver con claridad la realidad de nuestra vida, por ese motivo ahora y siempre los consejos de nuestras abuelas, madres, tías, nos pueden hacer ver cosas que nosotros no vemos, o simplemente no queremos ver y así es el resultado de nuestra vida matrimonial.

 

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