Esta infección viral aguda se transmite con mucha facilidad de una persona a otra y en comunidades cerradas. El contagio es a través de secreciones respiratorias infectadas al toser, estornudar o hablar y luego otros las inhalan en el ambiente o tocan superficies contaminadas.

Es indispensable el lavado frecuente de manos con agua y jabón o con alcohol en gel, y cubrir la boca y la nariz con un pañuelo descartable al toser o estornudar.

También es útil desinfectar las superficies con agua y lavandina, sobre todo en casas o lugares donde hubo casos de gripe.

La vacuna antigripal es la principal medida de protección; aunque se recomienda aplicarla en otoño, también se puede recibir en invierno, dado que la protección es efectiva a los 10 días de vacunarse.

Los síntomas son:
Fiebre alta
Tos generalmente seca
Dolores musculares articulares, de cabeza y/o garganta
Cansancio e intenso malestar y ligera secreción nasal
Ante estos signos es importante la consulta médica y no tomar antibióticos, ya que no funcionan en esta patología.

Si bien la vacunación se aconseja a todos los mayores de seis meses, algunas personas tienen más probabilidades de padecer complicaciones como la neumonía y sufrir internaciones.

Las personas que integran grupos de alto riesgo y deben recibir la vacuna son: niños entre 6 meses y 2 años de edad, adultos mayores de 65, embarazadas, puérperas, inmunosuprimidos incluyendo VIH, fumadores, personas con obesidad, diabetes, enfermedades cardíacas, respiratorias, renales, hepáticas o sanguíneas.

Para no contagiar a los más vulnerables, la vacunación es obligatoria para el personal de salud y recomendada para docentes, niñeras, cuidadores y empleados de guarderías y geriátricos.

 

 

 

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