En una sociedad donde los quehaceres domésticos recaen mayoritariamente en el género femenino, ¿podemos liberarnos de la plancha?

 Las tareas domésticas siguen siendo una responsabilidad que recae en las mujeres en la mayoría de los hogares. Lavar, cocinar, limpiar, ordenar y planchar forman parte del trabajo no remunerado que realizan cada día. Según la ONU, las mujeres dedican entre 1 y 3 horas más que los varones a estas labores domésticas; entre 2 y 10 veces más cada día a la prestación de cuidados (hijos, personas mayores y enfermas). Por el contrario, dedican entre 1 y 4 horas diarias menos a actividades de mercado.

Días atrás un posteo de en Facebook que aseguraba que “planchar es un desperdicio de tiempo y energía” se volvió viral. Casi 270 mil usuarios compartieron la propuesta de Javier Alonso, quien sostiene que “valorar la ropa planchada es solo una construcción social. La ropa arrugada no es signo de nada ni antihigiénica”. Según el usuario “planchar la ropa es cumplir con una norma social sin sentido y su costo es un alto consumo de energía eléctrica (1200w por hora, uno de los electrodomésticos más gastadores)”. Para Alonso, sólo se trata de “un beneficio social que dura tanto como la ropa planchada pero afecta en gran medida a nuestro medio ambiente”.

Mónica Alcázar (65) reconoce que actualmente plancha mucho menos que antes. “Odio planchar, plancho solamente algunas prendas”, asegura. Su posición respecto a esta tarea es clara: sólo le quita las arrugas a lo mínimo indispensable. Directamente, ella elige “la ropa buscando prendas que necesiten poco o ningún planchado”.

Campaña a favor de la ropa arrugada.

Campaña a favor de la ropa arrugada.

En tanto, Cecilia Mitre (30), se ocupa de su ropa poco antes de ponérsela: “Sólo plancho la mía y a medida que la voy usando, nada de eso de planchar después de secarla”. Además, aclara que ni sábanas, ni toallas, ni medias, ni jeans son de la partida. Cecilia es de la segunda generación de su familia que presta poca atención a esta tarea, que que su madre “no planchaba nada”. Como contracara, su abuela planchaba todo, con apresto incluido: “Era un arte”, recuerda.

Campaña a favor de la ropa arrugada.

Campaña a favor de la ropa arrugada.

En el caso de Valeria Méndez (36), el planchado es casi un castigo. El electrodoméstico se usa sólo cuando es imprescindible, sobre todo con la ropa laboral tanto de ella como de su marido. Mientras su hijo era bebé la plancha tomó un protagonismo inédito en su vida hasta ese momento: “Planchaba todo: sabanitas, ropa, medias, gorros”. Una vez que el niño creció, la vieja plancha volvió a su relegado rol. Con diez horas por día fuera del hogar por su trabajo, planchar no es nunca su actividad favorita.

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