Con más de 60 millones de líneas telefónicas móviles, en la Argentina ya hay más celulares que personas. Si se toma en cuenta que el 80% de los teléfonos móviles vendidos en el país son inteligentes (smartphones), se comprende que el impacto de las aplicaciones móviles (apps) vinculadas a la salud puede ser formidable, tanto en un sentido positivo como negativo.

Centenares de apps de salud ya se ofrecen gratuitamente a los consumidores a través de las tiendas virtuales de Apple y Google. Algunas apps tienen el respaldo de organismos sanitarios, como la CardioCal, lanzada recientemente por la Organización Panamericana de la Salud para medir el riesgo cardiovascular. Pero la mayoría de las apps móviles no están basadas en evidencias científicas. Éste es el caso de muchas de las aplicaciones vinculadas con la hipertensión que se ofrecen para el autocontrol del paciente.

Con un smartphone y una de estas apps, una persona puede registrar y hacer un seguimiento de los niveles de su presión arterial (medida con un dispositivo tradicional) y también recibir información sobre la patología. Sólo un puñado de apps funciona hoy en conjunto con la cámara del celular u otra herramienta incluida en el teléfono para medir la presión arterial. Básicamente, estas apps piden al usuario que apoye su dedo en la pantalla mientras se hace un “escaneo”. En cuestión de segundos, la app ofrece los presuntos datos de presión sistólica y diastólica.

A pesar de su atractivo y popularidad, ninguna de estas aplicaciones para hipertensión ha sido validada, según advirtió un estudio recientemente publicado en el Journal of the American Society of Hypertension.

Investigadores norteamericanos analizaron las 107 apps más populares asociadas a la palabra “hipertensión” y “presión sanguínea alta” en Apple iTunes y Google Play Store a fines de mayo de 2014. El 72% de las apps tenían funciones que incluían el rastreo del pulso, peso, Índice de Masa Corporal, ingesta de calorías o de sal. El 22% evaluaba la adherencia a la medicación, mientras que el 37% ofrecía información sobre hipertensión y 8%, sobre la dieta DASH. Apenas el 3% de las apps habían sido elaboradas con la ayuda de una universidad u organización profesional y el 2,8% estaban destinadas específicamente a médicos.

Un 14% de las apps para Google Android (7 en total) tenían la capacidad de transformar el teléfono inteligente en un dispositivo para medir la presión arterial, pero ninguna de estas aplicaciones venía asociada a un manguito para medir la presión ni estaba validada contra un estándar. Las pocas apps que ofrecían una lectura del nivel de presión arterial a través del teléfono fueron bajadas hasta 2,4 millones de veces y recibieron comentarios elogiosos de los usuarios.

Mil millones de personas en el mundo sufren de hipertensión arterial. El 74% de los pacientes argentinos tratados no logra un control adecuado de su presión. En estos pacientes de riesgo, los estudios muestran que el automonitoreo de la presión arterial puede ser efectivo si se acompaña de educación. En este sentido, las apps pueden ser útiles para recordarles a los pacientes que tienen que tomar la medicación, para que monitoreen su actividad física y para que ellos mismos evalúen sus cambios en la dieta. Las aplicaciones móviles también pueden compartir datos con los registros hospitalarios electrónicos en forma automática.

“La aparición de las apps móviles de salud (englobadas dentro del concepto “m-Health”) ofrecen una estrategia nueva para que los pacientes y sus familias se involucren activamente en el autocuidado de la hipertensión”, reflexionó Beverly Green, médica clínica del Group Health Research Institute, en un editorial publicado junto con el estudio. “Ya hay pacientes que portan dispositivos que rastrean su actividad, monitores de fitness y relojes inteligentes que tienen el potencial de transferir datos fisiológicos a las historias electrónicas para que el equipo de salud ofrezca una feedback. Manejar estos datos será un desafío, pero generará nuevas oportunidades para cambiar la forma en que se atiende a los pacientes”.

Los autores del estudio subrayaron los aspectos positivos de la tecnología m-Health para hipertensión, ya que la mayoría de las apps fueron diseñadas para facilitar aspectos del cuidado que han mostrado ser efectivos en la reducción de la presión arterial (monitoreo del estilo de vida y parámetros fisiológicos, información dietética, herramientas para aumentar la adherencia a la medicación). Pero Nilay Kumar, de la Universidad de Harvard, y sus colegas alertaron sobre los peligros de las apps que transforman los celulares en dispositivos de medición. “A pesar de las ventajas de la tecnología móvil, nuestro estudio subraya la necesidad de precaución entre pacientes y personal sanitario”, escribieron.

Con la duplicación del número de aplicaciones médicas cada dos o tres años, aumentará en forma exponencial el número de apps que funcionen como dispositivos médicos. “Es urgente implementar una mayor regulación, y hacen falta estudios randomizados de alta calidad para evaluar la efectividad de las intervenciones móviles en los resultados clínicos”.

El cardiólogo argentino Ignacio de Urquiza, del equipo de Docencia e Investigación del ICBA, coincide en la necesidad de que se regulen y validen las apps ligadas a la hipertensión. “Los tensiómetros son los únicos dispositivos que están validados para el uso clínico”, subraya. “Sólo se han aprobado unas pocas aplicaciones móviles que están asociadas a un tensiómetro que se coloca en el brazo. Ninguna aplicación que use el dedo sobre la pantalla ha sido validada para medir presión arterial”, afirma. Con todo, el especialista argentino señala que las apps que funcionan como diarios donde el paciente anota sus niveles de presión pueden ser útiles como herramientas educativas.

“Estas tecnologías ofrecen un medio excelente para la educación del paciente y el profesional; lo que redefinirá la relación médico-paciente y la forma de seguimiento de distintas patologías. Pero al final del día no dejan de ser herramientas, medios que mudarán permanentemente al son de los nuevos avances”, concluye de Urquiza.

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