“Si el régimen sirio usa ese gas venenoso de nuevo, tenemos las armas preparadas y cargadas”, aseguró la embajadora estadounidense ante la ONU.

El presidente estadounidense Donald Trump anunció que los ataques con más de 100 misiles en la noche del viernes contra Siria, en coordinación con Francia y Gran Bretaña, habían estado “perfectamente ejecutados”, pero Estados Unidos lanzó una nueva advertencia: aseguró que tiene el arsenal “cargado y preparado” para volver a atacar si el régimen de Bashar al Assad insiste en utilizar armas químicas.

En una fervorosa sesión diplomática en las Naciones Unidas sobre la crisis en Siria, la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, dijo que había hablado con el presidente Trump después del ataque, y que éste le había dicho que “si el régimen sirio usa ese gas venenoso de nuevo, Estados Unidos tiene sus armas preparadas y cargadas”. “Cuando el presidente dibuja una línea roja, hace que se cumpla”, advirtió.

El mensaje de Haley sobrevino luego de que el embajador ruso, Vassily Nebenzia, dijera que pediría al Consejo de Seguridad Nacional que condenara los ataques por constituir una violación de la ley internacional y de la Carta de la ONU, una denuncia que las potencias atacantes rechazan.

Luego de varios días de rumores de guerra, Trump anunció la ofensiva el viernes a las 9 de la noche de Washington, las 4 de la madrugada del sábado en Damasco. La aviación aliada despegó y 105 misiles, en su mayoría Tomahawks, partieron hacia Siria. El principal blanco fue el centro de investigación de Barzah, en las afueras de Damasco. Considerado el núcleo de la producción de armas químicas sirias, sus tres edificios quedaron arrasados. También fueron golpeados dos almacenes en Homs.

La ofensiva se concretó una semana después de un presunto ataque con gases tóxicos en Duma, cerca de Damasco, en el que habrían muerto al menos 40 personas, según socorristas en el lugar. El régimen sirio y el Kremlin han negado la utilización de armas químicas, mientras que Estados Unidos dijo que tenía pruebas de que sí se habían usado, aunque no las mostró. Francia y Gran Bretaña avalaron esa información supuestamente rastreada con fuentes de inteligencia.

En su cuenta de Twitter, el presidente celebró por la mañana el alcance de la ofensiva: “Un golpe perfectamente ejecutado anoche. Gracias a Francia y al Reino Unido por su sabiduría y el poder de sus buenas Fuerzas Armadas. No podríamos haber obtenido un mejor resultado”. Y en una frase que enseguida remitió a la que pronunció el ex presidente George W. Bushsobre la guerra aún inconclusa en Irak, Trump escribió: “¡Misión cumplida!”.

Inmediatamente surgió la comparación y el debate sobre cuál era la verdadera misión de Estados Unidos en Siria, un complejo conflicto que lleva ya cientos de miles de muertos y donde intervienen infinidad de actores locales y potencias internacionales con intereses propios y distintos.

Si bien desde el Pentágono aclararon que el objetivo final de Trump era eliminar el terrorismo del ISIS en la zona y que eso era un “tema de seguridad nacional”, en el corto plazo parece ser otro: disuadir a Assad de utilizar armas químicas sin desatar la ira del gigante ruso, que tiene bases la región.

Fue por eso que hubo gran cuidado en que el ataque fuera“limitado” y “quirúrgico”, sin avances sobre el régimen de Assad ni sobre los intereses rusos ni iraníes en el terreno. La idea de la misión era marcar una línea roja al uso de armas químicas y a las ambiciones rusas e iraníes en la zona, pero sin llegar a escalar el conflicto.

Si bien a Trump ahora le conviene desviar a nivel interno la atención hacia el exterior -el FBI allanó las oficinas de su abogado y desde allí pueden surgir revelaciones explosivas-, el mandatario tampoco quiere involucrarse en conflictos que considera lejanos y que su electorado no logra comprender demasiado.

Desde el Pentágono consideran que el ataque fue “un éxito” porque destruyó “el corazón” del programa sirio de producción de armas químicas. Fueron “coordinados y precisos” y retrasarán “años” el plan de armas químicas, afirmó un alto oficial del ministerio de Defensa, el general Kenneth McKenzie.

El militar reconoció, sin embargo, que Siria había retenido capacidad “residual”, pero que aún no tenía detalles de cuánto exactamente. El oficial señaló también de que hubo un gran alivio al comprobar que los ataques sobre los tres objetivos –centros de investigación y acopio de armas químicas, según el Pentágono- no habían causado ninguna víctima rusa, lo que podría haber llegado a escalar el conflicto y a una posible confrontación directa con Moscú.

McKenzie confirmó que no hubo ninguna respuesta rusa y que las baterías de defensa antiaéreas sirias no tuvieron “efectos materiales” sobre la ofensiva y que los misiles sirios de interceptación fueron lanzados ya cuando los ataques de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña habían terminado.

Más temprano, funcionarios rusos habían dicho que algunos misiles estadounidenses fueron interceptados por las baterías antimisiles rusas utilizadas por las fuerzas sirias.

“La campaña de desinformación ha comenzado”, dijo sobre el tema la portavoz del Departamento de Defensa, Dana White, quien señaló que se habían registrado en las últimas 24 horas un 2.000% de aumento de trolls rusos.

Señaló, además que los ataques aéreos lanzados por Estados Unidos no suponen ningún cambio en la estrategia general de Washington en Siria, aseguró. La portavoz insistió en que el objetivo de la política estadounidense en Siria sigue siendo la derrota de la milicia terrorista del ISIS.

Desde París, el gobierno de Emmanuel Macron emitió una nota oficial donde señaló que, después de los ataques con misiles, el Consejo de Seguridad debe “ahora retomar, unido, la iniciativa sobre los aspectos políticos, químicos y humanitarios” en Siria. En Bruselas el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stolterberg, llamó a Rusia a que “demuestre responsabilidad” en Siria. Desde Israel, el premier Benjamin Netanyahu, expresó el “apoyo total” de su gobierno a los ataques.

Como era de esperar, desde Damasco y Moscú, las reacciones no fueron efusivas. El presidente Assad dijo que esta “agresión” no hace más que “reforzar su determinación de seguir luchando y aplastar el terrorismo”, un término con el que designa a los rebeldes. Y el presidente ruso Vladimir Putin condenó el ataque a Siria, donde “militares rusos ayudan al gobierno legítimo a luchar contra el terrorismo”, según declaró en un comunicado.

En Irán, el guía supremo Alí Jamenei apuntó que los líderes de Estados Unidos, Francia y Reino Unido “son criminales (…), no conseguirán nada y no sacarán beneficio alguno”.

Los roces enseguida a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Convocada por Rusia a una reunión de urgencia sobre el tema, la embajadora Haley dijo que el ataque había sido un “mensaje claro” de que no se permitirá que el régimen de Assad continúe usando armas químicas. Y allí lanzó su frase sobre el arsenal “cargado y preparado” para volver atacar si el régimen sirio vuelve a usarlas.

La delegación de Rusia lanzó un proyecto de resolución que condena esos ataques por considerarlos una “violación del derecho internacional y de la carta de las Naciones Unidas”. La iniciativa, sin embargo, fue rechazada: apenas recibió tres votos a favor. Otras ocho naciones votaron en contra y cuatro optaron por abstenerse.

Nikki Haley, embajadora de EE.UU. en la ONU

Fuente – Diario Clarín

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