Día Nacional de la Lucha contra el Síndrome Urémico Hemolítico: qué es y cómo prevenirlo

En el país se registran hasta 500 casos por año y es la nación con mayor cantidad de afectados a nivel global

La Argentina conmemora hoy el Día Nacional de la Lucha contra el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), una fecha instituida en honor al natalicio del pediatra Carlos Gianantonio, nacido en 1926, quien describió este síndrome en la literatura médica internacional, y que resulta el causante de la necesidad de trasplantes de riñón en un 20% de los niños afectados por el mal.

El síndrome urémico hemolítico (SUH) es una enfermedad grave causada por una de las cepas de la bacteria Escherichia coli, productora de toxina Shiga (STEC), que puede provocar serias complicaciones renales, dejar secuelas de por vida o incluso provocar la muerte, principalmente en niños.

Se trata de la primera causa de insuficiencia renal aguda en niños menores de 5 años según la Sociedad Argentina de Pediatría. Puede causar la muerte o dejar secuelas para toda la vida, como insuficiencia renal crónica, hipertensión arterial y alteraciones neurológicas. Se registran hasta 500 casos por año y se estima que afecta a uno de cada 100.000 habitantes.

El origen principal de los brotes son los productos de carne picada cruda o poco cocinada, y por eso se la conoce como “el mal de las hamburguesas crudas”, pero también la leche sin pasteurizar, y las frutas y verduras mal lavadas o mal cocidas contaminadas con la bacteria.

“Desde el minuto cero, la toxina hace estragos en el organismo, sobre todo para los chicos menores de cinco años. A menudo, cuando podemos detectar la infección, el cuadro ya está avanzado”, afirma la licenciada Laura Romano del Departamento de Alimentación y Dietética del Hospital de Clínicas.

“Lo fundamental es la prevención: en primer lugar, hay que cocinar la carne hasta que esté completamente marrón. No jugosa ni con el centro rojo. Tiene que estar totalmente cocida, superando los 70 grados, que es la temperatura que mata la bacteria. Y después lavando bien las frutas y verduras antes de consumirlas”, puntualiza.

Los grupos de riesgo son los chicos y los adultos mayores, que tienen el sistema inmune deprimido. Los adultos también pueden contaminarse, pero su organismo está más preparado para resistir la bacteria. Los síntomas a los que hay que prestar atención están relacionados con una diarrea muy fuerte, que excede el tiempo normal en que se cursa un malestar estomacal de este tipo. Luego a medida que avanza la infección hay vómitos, dolor abdominal y fiebre.

“Hay tratamientos, pero la consulta con el profesional ante el menor síntoma es clave. Es una enfermedad que daña severamente la función renal. No todos los casos terminan en diálisis o transplante, pero en muchos de ellos los riñones se ven afectados para toda la vida”, explica Romano.

Los focos de contagio

Según el Ministerio de Salud de la Nación, también se puede producir el contagio de persona a persona por prácticas higiénicas inadecuadas, como no lavarse las manos después de ir al baño o cambiar pañales, y antes de comer. Otra vía de contagio es a través de aguas de recreación (piletas públicas, lagunas, piletas de natación).

La cartera sanitaria también señala que existe la denominada “contaminación cruzada” poniendo en contacto alimentos contaminados con otros alimentos no contaminados que se comen crudos, como la lechuga, el tomate y otros.

Aunque se trata de un síndrome poco frecuente, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Argentina presenta la mayor tasa de incidencia mundial de SUH en niños menores de 5 años.

En el país, hay aproximadamente 5.000 infecciones por año por E. Coli productora de Toxina Shiga. De estas infecciones, alrededor de 500 niños desarrollan la enfermedad cada año, con potencial riesgo para su vida. Además, el 20% de los trasplantes de riñón en niños y adolescentes son debidos al SUH.

Canadá, Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, y Japón, tienen también brotes periódicos de la enfermedad.

Respecto de las posibilidades de contagio, pueden generarse si otra persona toma contacto con materia fecal que tenga la bacteria. Por ello, los facultativos consideran fundamental la utilización de técnicas para la detección de Escherichia coli productora de toxina shiga que permita realizar el seguimiento de la excreción en el niño afectado.

Debido al riesgo de contagio de persona a persona, sugieren la implementación de normativas que aseguren las condiciones sanitarias de los niños.

En el marco del Día Nacional de la Lucha contra el Síndrome Urémico Hemolítico es importante recordar las medidas de prevención de una enfermedad que actualmente no tiene tratamiento.

Foto: Archivo / La Nacion

Consejos para prevenir y prestar atención

Cocinar completamente la carne. Sin centro rojo ni “juguito”.

Ojo con la carne picada. También es peligrosa porque al estar procesada la bacteria permanece en todo el producto.

Los embutidos como las salchichas y las morcillas también es preferible consumirlos cocidos.

No comprar jugos en la calle ni consumir lácteos no pasteurizados.

Lavar bien las verduras y frutas con agua segura. Si no es posible, se puede hervir el agua por 3 minutos y luego usarla para cocinar o bien usar agua a la que agregamos dos gotas de lavandina por litro, esperamos 30 minutos y luego ya podemos lavar las verduras y alimentos allí.

La contaminación cruzada no es solo un asunto de mesada. También puede darse en la heladera. Hay que separar la carne de las verduras para evitar el goteo de líquidos al descongelar.

Lavar utensillos de cocina con agua caliente y jabón. En especial si los usamos primero para las carnes y luego para cortar los alimentos que consumimos crudos.

Es fundamentar el lavado de manos después de ir al baño, antes y después de cocinar, después de manipular carnes crudas, después de cambiar pañales, etc.

Las comidas rápidas: la Sociedad Argentina de Pediatría recomienda que los menores de 2 años eviten las comidas rápidas. “Nosotros lo hacemos extensivo a todos los chicos, no solo por el aspecto nutricional sino porque son carnes procesadas. Si bien hay puntos críticos de control, se potencia el riesgo de una contaminación en el proceso de cocción o al nivel de la cadena de frio”, concluye la especialista.

Con información de la agencia Télam

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